LA VIDA ES DE MADERA



Recuerdo cuando era pequeño… o quizás no tanto como me gustaría reconocer, dejémoslo en cuando era más joven… cada vez que cometía un traspié, un error, una imprudencia… en definitiva, cada vez que hacía alguna tontería (en aquellos años constantemente) mi abuelo me regañaba tratando de corregirme y de que aprendiera de las consecuencias de mis errores sumando sus sabias palabras. Algo que era muy habitual en sus reprimendas era decirme que tenía la cabeza de alcornoque. Pues bien, ahora, después de estar a las puertas de mi trigésimo cuarto otoño en este mundo, aún no logro comprender esa expresión:
¿Qué hay de malo en tener la cabeza de alcornoque?, yo solo logro ver ventajas en ello:
 Confío plenamente en el karma, trato de no hacer o decir nada a nadie que no quisiera que me hiciera o dijera nadie a mí. Trato de ser justo, de hacer las cosas bien para no tener cargos de conciencia. Paso por la vida medio a hurtadillas para tratar de hacer el menor ruido posible y así no molestar a nadie, trato ser educado y respetuoso con la gente que no conozco de nada y agradable con la gente que me rodea. Aunque por dentro el miedo, la tristeza o simplemente la mala hostia me estén carcomiendo, suelo responder con una sonrisa a todo aquel que se dirija a mí e incluso trato de arrancarle una suya… pues aún así, aunque trate de inundar de energía positiva mi vida, la vida siempre me devuelve algún palo, por eso he llegado a la conclusión de que la vida es de madera y siempre te dará lo mismo, lo único que tiene, un palo tras otro palo.
Dicen que los palos se sienten en el corazón, pues ese no es mi caso, en mi caso los palos se sienten en la cabeza y esta hace que falle el corazón, nunca al contrario. Por eso no entiendo qué hay de malo en tener la cabeza de alcornoque, pues del alcornoque se fabrica el corcho, y no se me ocurre un material mejor para recubrir mi cerebro y amortiguar esos palos que, necesariamente, tiene que darte la vida, pues la vida es así… de madera… y como no puedes pedirle peras al olmo, lo único que la vida puede darte son palos…



P.D: Estoy preparado para recibir el siguiente palo que tengas para mí.