Como
un gato acorralado,
o como
un pollo sin cabeza;
como
el eslabón oxidado
de aquella
vieja cadena,
que
mantiene amordazado
todo
cuanto me rodea,
para
no estar involucrado,
para
no infundir sospechas.
Ahora,
el cielo alborotado,
que hay
dentro de mi cabeza,
se
mantiene nublado,
sumergido
en la tristeza.
Los relojes
se apagaron,
se fundieron
las estrellas,
dejando
solo a su paso
un cargamento
de tristeza.
Solo,
ando por las calles,
me conocen
las aceras,
hago
cola en los bares
para
fundirme a una botella;
para
poder reconciliarme
con
mi maltrecha cabeza.
El pecado
de la carne
entra
mejor con cerveza.
Allí,
donde no me vea nadie,
para
soltar libre mi letra,
dejando
versos fugaces,
paraísos
de ideas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario