La vida
es como un río,
va donde
le lleve la corriente,
nunca
se estanca en ningún sitio,
nunca
retrocede.
Va
siguiendo su camino,
desde
que se derrite la nieve,
guiada
por un destino
que
se antoja sorprendente.
Mientras
avanza, despacito,
ese pequeño
afluente,
va abriéndose
su sitio
deteriorando
el relieve.
Va
transformando en recuerdos
todas
las piedras que mueve;
va
haciendo paso en el suelo,
dejando
huella para qué se le recuerde.
Puedo
escuchar, al quedarme en silencio
el monótono "tic tac" de su corriente,
que
fluye desde el pico del nacimiento
hasta
desembocar en la muerte.
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