Se
marchitan las flores a mi paso,
pues
ellas saben de esta extraña sensación.
Las mariposas se oscurecen cuando
salgo
y se congelan hasta los rayos
del sol.
La
mañana se trasforma en el ocaso,
va
corriendo y dando saltos el reloj,
se me escapa velozmente, por si a caso
me da por encontrarme un poco mejor…
es como si estuviera hipnotizado,
como si el recuerdo
dirigiera a la razón,
la
guiara desde un punto del pasado,
un momento irrelevante que trastocó mi corazón.
El rescoldo del recuerdo, aún humeante,
ciega mis ojos y genera confusión,
y ya no puedo ni siquiera expresarme
al definir el sentimiento, como siempre, en
un renglón.
Quizás sea solamente miedo,
o quizás sencillamente amor,
quizás sea solamente eso,
enamorarme
me produce un gran temor
Quizás
este sentimiento,
de desdicha y confusión
sea
fruto del deseo
que el destino subrayó…
Sin saber cómo entenderlo
ni explicarlo, pues mi
voz
se va quedando sin aliento
y mi pluma sin inspiración,
para derramar entre los
versos
su belleza e infectarlos de su olor,
sin
recurrir a rimas tontas cogidas de los pelos,
ni mariposas negras, ni el tallo putrefacto
de una flor…
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