Voy sigiloso, a hurtadillas,
como si no tocara el suelo,
paso sin hacer ruido por la vida,
escondiéndome del tiempo.
No quiero llamar la atención a la vista,
pretendo, jamás, ser descubierto,
para que nadie vuelva a ponerme la zancadilla,
y se me caigan todos los sueños.
Veo sombras en el camino,
reflejos de historias y acontecimientos,
recuerdos de todo lo que ya he vivido,
espejismos del anhelo.
Miro hacia atrás buscando un cobijo,
donde esconderme del enorme canguelo,
me he asustado al oír un ruido,
y luego me río,
pues solo mis pasos me están persiguiendo.
Creo que al fin, me ha encontrado el destino,
no sirve de nada escaparse del tiempo,
era más fácil, cuando era aquel niño,
que tanto temía seguir creciendo.
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