Me salpican los segundos a la cara,
ensuciándome el rostro con arrugas.
Puñales que se clavan en mi alma,
Como si en el corazón tuviera agujas.
Y va tiñendo el verde de la esperanza,
Con el oscuro marrón de la amargura.
Y mientras todo el mundo avanza,
por que nada se detiene,
yo albergo esa esperanza,
y miro atrás a ver si viene.
Por si acaso, en la distancia,
La distingo entre la gente.
A quien le importa cuales son mis sueños,
o que terroríficas pesadillas
acechan mi cerebro
devorando la alegría.
A quien le importa si ahora me siento
Pisoteado como una colilla,
Que más da que bebas veneno,
O que escribas poesía.
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